¿Acaso un «Cuando lo hiciste no te dolió» es aceptable?

Violencia Obstétrica: una realidad en nuestro país.

Cuando decidí titular este artículo me dije, debe llevar por nombre lo más frecuente que las mujeres que han dado a luz hayan escuchado, y sorpresa, tristemente es esta expresión.

Cuando usamos el término violencia obstétrica en nuestro país, muy pocos sabemos de qué trata o su uso lo dejamos demasiado limitado para los alcances que tiene en la práctica, y es que, está definido como todo aquel trato deshumanizado que reciben las mujeres (yo me atrevo a decir que los papás de los bebés también) en el proceso de embarazo y parto, por parte de los profesionales de la salud, pero, ¿Cuáles son los alcances de esta definición? ¿Será que se limita a las prácticas, tantas veces cuestionadas por las usuarias del servicio de salud y que ya la OMS se pronunció? Definitivamente no, y es por ello, que este escrito inició así.

Cada día es más frecuente escuchar a mujeres que han dado a luz acerca del lado oscuro de esa maravillosa experiencia en sí misma, mujeres que sufren violencia no solo física, tales como: programación de cesárea sin justificación, el tacto realizado por más de una persona, la episiotomía como norma, no como excepción, el uso de fórceps sin estricta necesidad o consentimiento, la realización de la maniobra de Kristeller; sino también violencia psicológica, que va más allá y trastoca el lado más sensible del ser humano, tanto así que empaña el memorable momento de traer un hijo al mundo, y es que en plena labor de parto, al médico, enfermera o al que ande por ahí (si, en muchos hospitales, el término privacidad es desconocido) expresa lo que mejor le parece, sin ningún ápice de sensibilidad o más bien respeto; de tal forma que expresiones como: “al hacerlo no te dolió” o “quítate el calzón como cuando lo hiciste” “No grites, que mis oídos los quiero sanos” “si no sale en la próxima contracción, te corto”, “tus contracciones son una mierda” o bien, el hecho de que cualquiera pase por la sala mientras te desvistes o en la sala de parto donde no solo llegan médicos, enfermeros, sino también estudiantes, agentes de seguridad, personal de limpieza, etc. Ante un reclamo lo único que dirán es “te aguantás”  y bueno podría enumerar muchísimas otras, me basta sino, preguntarle a mi vecina, prima, amiga, o la mayoría de mujeres que han dado a luz en hospitales púbicos e incluso privados, para enriquecer esta lista.

Pero no creas que se limita hasta ahí, porque es también violencia obstétrica, que se lleven al bebé sin siquiera dejarte cargarlo, que no puedas decidir amamantarlo primero, que pasen bien 24 horas y no sepas nada de él, y recuerdas que mencioné que hasta los papás son víctimas de esto, pues si, si un papá primerizo que nunca en la vida ha visto un parto y tiene un shock, esto es motivo de burlas, si pregunta por el bebé, le responden mal o no le responden, o si quiere saber al menos cuestiones generales del momento que están viviendo, es un fastidio y no en muchos hospitales permiten que esté de apoyo para la mamá del bebé.

Y ahora me pregunto, ¿a qué se debe todo esto? Entiendo perfectamente que para el personal del hospital sea una carga más de trabajo, es un hecho conocido que el sector salud está sobrecargado, porque cómo es posible que sea un médico el que atiende tu parto natural o cesárea que no ha dormido las últimas 18 horas o más y que se las ha pasado atendiendo, o sencillamente no sienten nada, ni sensibilidad, ni consideración, nada; o es que el sentimiento de superioridad conlleva a ser así, porque sí, en esta ecuación, ellos tienen el poder. Personalmente no puedo responder esto, tampoco lo entiendo, porque lo mínimo que esperas es respeto, como mujer y como usuaria de un servicio para toda la población y en todos los casos.

Ahora bien, ¿que estamos haciendo al respecto? Nada, más que, culpabilizar, responder entre dientes, agachar la cabeza, callar, lamentarte en casa, jurar no volver a ese hospital y tratar con ahínco de contarlo lo menos posible, porque es penoso y tratamos de justificarlo, pero acciones legales en definitiva no emprendemos, además, a pesar que cabe perfectamente en el marco de violencia al género, está muy difícil que si no hay nada que lamentar, alguien del sistema judicial te tome en serio, además que la violencia obstétrica como tal, no está regulada en nuestro país, pocas veces se habla de ello, es como una vía libre que tienen los profesionales de la salud, nos urge, un marco regulatorio que sancione esta conducta que ha sido naturalizada y que atenta contra los derechos humanos, como el derecho a no recibir tratos crueles e inhumanos, derecho a la privacidad, derecho a la libre toma de decisiones, derecho a la información, y podría continuar porque cuando atentamos los derechos inherentes a una persona, inevitablemente lesionamos otro.

La violencia obstétrica en nuestro País, es real; debemos reconocerlo y partir de ahí para luchar contra ello; pero ¿qué necesitamos? Una ley, debidamente establecida, específica y reglamentada, de lo contrario, todo seguirá igual. En Latinoamérica hay precedentes, no estamos hablando aquí de algo novedoso, desde que existe este tipo de violencia, existe también mujeres que no queremos quedarnos calladas, pero que ha llevado tiempo hacerse oír y es así que en países como Venezuela, primer País en tipificarlo como violencia obstétrica, Argentina en su ley de Protección Integral a la mujer, México en su Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y Chile que está en proceso, lo han reconocido como violencia y se ha regulado. Y nosotros, Nicaragua, queremos lo que ellos tienen, una normativa que proteja a la mujer y su hijo en un momento indescriptible, embarazo y parto.

Para concluir es mi deber aclarar que es imposible generalizar, existen profesionales en todo el sentido de la palabra, cuyo respeto, sensibilidad y trato excepcional; hasta nos sorprenden.

Silvia Karolina Díaz

Mejía & Mazier Legal Group

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