Nicaragua, un país de penalistas 

Recuerdo que antes de iniciar la carrera de derecho, como forma de familiarizarme con las ciencias jurídicas me hice de algunos libros que me introdujeron en esta fascinante disciplina. Desde antes de iniciar las primeras asignaturas ya me había enamorado de mi carrera dado que encontraba una fascinante correspondencia entre mis estudios de historia y filosofía y el Derecho. Pero hubo un dato curioso que luego confirmé era más generalizado de lo que creía: me encantaba el derecho penal y procesal penal. Cuando inicié los estudios, nuestro profesor de Técnicas de Investigación Jurídica, en una de las clases nos preguntó en qué áreas del derecho planeábamos especializarnos. Para mi sorpresa, muchos dijimos que queríamos ser penalistas, a lo que nuestro profesor nos respondió con la advertencia de que esa aspiración iba a ceder una vez pasásemos por las otras asignaturas de Derecho. Nuestro profesor sin duda fue un profeta, pero no totalmente; al menos lo fue con respecto a mí y otros compañeros. Su profecía no se cumplió con una gran parte de los estudiantes primariones de Derecho; esto me fue fácil comprobarlo al final de la carrera: existían como cinco hojas de listas de monografías inscritas en materia penal fijadas en el mural de la facultad de ciencias jurídicas en contraposición con la modesta lista de monografías en otras áreas del derecho que no llenaban una hoja entera.


Ahora que soy docente veo el mismo fenómeno: la mayoría de mis estudiantes quieren ser penalistas. Dado que he apostado por otras áreas del derecho que a mi criterio resultan más ricas, nunca he tenido la “desdicha” de impartir Derecho Penal o Procesal Penal, pero me sorprende la generalizada fascinación por el derecho penal. ¿Acaso los estudiantes no se enteran de lo ricas que son las ciencias jurídicas en general? ¿Por qué esa fascinación por el Derecho Penal de la cual aún yo fui víctima? Debo reconocer que mi estatus de víctima duró muy poco, conocí el derecho constitucional como derecho político y su relación con mis estudios de historia y filosofía me llenó tanto que decidí dedicarme a esta rama del Derecho. Pero no puedo negar lo delicioso que es el Derecho Mercantil, tan dinámico, tan vivo. Inclusive al Derecho Tributario le guardo un gran encanto. Pero mi gran pregunta sigue siendo: ¿Por qué tanta fascinación por el Derecho Penal?


No sé por qué, pero esto de lo penal es inclusive generalizado en la población no formada en Derecho. Cuando les dices a las personas que sos estudiante de derecho, licenciado en derecho o abogado, de inmediato te relacionan con un acusador o defensor ¿Es esa la única faceta que conocen de un abogado?

Muchas veces fenómenos sociales como este son explicados por las condiciones en las que se encuentra una sociedad concreta. Partiendo de la premisa de que en Nicaragua hay muchos que desean especializarse en Derecho Penal, ya sea como disciplina científico-jurídica o ya sea como un área de la práctica del abogado, me asusta pues parece que psicológicamente el formando en Derecho tiene la impresión de que hay mucha delincuencia en nuestra sociedad. Sin duda el fenómeno en cuestión debería ser estudiado desde una perspectiva psicológica y sociológica, y creo que un estudio de esta índole arrojaría muchas luces sobre la realidad del aspirante a profesional del Derecho.  Digo esto porque especulo que una de las razones por las que el estudiante de Derecho se inclina al Derecho Penal es porque siente que hay una necesidad exagerada del mismo. Esto rompería con la idea del mismo Beccaria para quien el delito es una excepción y no una regla en una sociedad. Es en esto en lo que insisto a mis estudiantes.

Creo poder determinar las razones por las que este fenómeno se da con tanta frecuencia. En primer lugar, las noticias sobre crímenes tienen una especial atracción para el público. Creo que las personas cuando de lectura de periódicos se trata van directo a la sección de “Sucesos” donde se relatan los crímenes descubiertos a lo largo de la semana con ciertos detalles que satisfacen el morbo de los lectores. Con una predisposición así es muy fácil crearse mentalmente que estamos rodeados de crímenes y nuestro sistema cerebral de vigilancia debe sufrir una sobreestimulación que puede conllevar a la idea de que es necesario un cuerpo de especialistas preparados para dar fin a tan mal extendido como la delincuencia en general.

Otro factor sería lo que los estudiantes muy poco realistamente creen: que es en la práctica del Derecho Penal “donde están los reales”. La verdad no entiendo por qué dicen con tanta facilidad esta expresión. No sé de dónde sacan que la práctica del Derecho Penal es lucrativa. Sin duda no se han enterado de las dificultades en la que un abogado se encuentra a llevar un caso por el que sencillamente no va ser bien pagado.

Y por último, tenemos como factor al cine estadounidense. No puedo negar que las películas en las que se desarrolla un juicio son increíbles. Tenemos a“The Accused” con Jodie Foster, en la que la acusadora pública, de acuerdo al sistema de precedentes propio del proceso estadounidense, busca como establecer una acusación recurriendo a una figura delictiva no tan conocida; “El exorcismo de Emily Rose” en la que la abogada defensora, personificada por Laura Linney, ofrece en el escenario de un tribunal unas cuestiones que realmente van más allá del mundo físico y visible para tratar de cosas transcendentales; y, ¿Quién podría olvidar al “Abogado del Diablo” con Keanu Reeves y el respetable Al Pacino? Pero veremos que no solo es Hollywood; en nuestra televisión se presentan programas relacionados con crímenes en los que se documentan auténticos juicios en los que se ve a los fiscales y defensores presentando sus alegatos. Todo esto nos lleva a hacernos una imagen idealizada de un tribunal penal; dicha idealización llena a nuestros estudiantes de derecho y profesionales del derecho con ideas poco realistas sobre el derecho penal y el proceso penal en detrimento del desarrollo de otras áreas del derecho, igual de enriquecedoras e igual de necesarias para nuestra sociedad. Esto puede inducir luego a un sentimiento de frustración a dichos aspirantes a profesionales del derecho porque es obvio que el escenario vivo en los tribunales penales nicaragüenses está muy lejos de ser el de los tribunales estadounidenses. En Nicaragua los acusadores públicos ni siquiera gozan de la habilidad oral para exponer sus argumentos. Y es curioso que los mismos que encuentran fascinación por el Derecho Penal y Procesal Penal son precisamente los mismos estudiantes que adolecen de una adecuada fluidez y expresión oral, pudiéndose anticipar el desastre que nos espera al momento de que estos concluyan sus estudios.

Es por esta razón que se me ha ocurrido una idea descabellada, pero basándome en el principio ya demostrado mucho en la historia de que lo fue loco en un tiempo luego fue real y totalmente conforme razón en un tiempo posterior, creo que se debería crear una carrera técnica para aquellos aspirantes a penalistas u otras ramas que se han hecho tan populares al punto que todos opinan, todos conocen y todos dictan un veredicto o un fallo técnico, una carrera técnica en que se les eduque para ser defensores o acusadores de calidad; una carrera que no solo apunte a las materias de derecho penal y procesal penal, sino que apunte al desarrollo de las facultades de expresión oral como a las de argumentación para no ser una vergüenza en el futuro, ya que están muy lejos de emular a un abogado de una película de Hollywood. De esta forma se podría satisfacer la demanda de muchos aspirantes a penalistas quienes se ahorrarían tiempo y dinero, no teniendoque pasar por las asignaturas a las cuales no les ponen ninguna atención y a las que cuando intentan poner atención lo hacen siempre lamentablemente haciendo referencia al derecho penal.

Pero la solución mayor es que los estudiantes se enteren que el Derecho es muy rico. Que hay muchas áreas por descubrir y desarrollar, especialmente todo lo que tiene que ver con el Derecho de Empresa que debe agilizarse y estar a la altura de la práctica empresarial, en constante cambio. Además, el desarrollo económico de un país va de la mano del desarrollo empresarial y es necesario tener a un cuerpo de aspirantes a profesionales del Derecho dedicados a una buena parte de dicho desarrollo, que dé respuestas a las inquietudes que se muestran en cada momento. Ojo, no digo que el Derecho Penal no sea importante, muy lejos de mí decir semejante sacrilegio, pero creo que es necesario hacer un cambio mental en la mayoría de quienes estudian Derecho para ampliar los intereses. Penalistas siempre necesitaremos, y el Derecho penal es una rama formidable, pero probablemente no necesitamos las cantidades que se observan en la actualidad. No necesitamos hordas de guerreros contra el crimen.

Carlos Izaba Ruíz

Abogado Asociado de la Firma

Derecho Público, Bancario y Sector Regulado

Managua, 24 de Abril de 2017

 

 

 

 

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